EL Observador

8:44 hrs. Viernes 06 de mayo de 2016 Hernán Ortega-Parada

Aquí tienen ustedes a don Benja?

Hernán Ortega-Parada / Escritor y dirigente vecinal

Quizás nadie de la región sepa quien fue don Benja. Quizás ningún adulto, aun académico literato, o docto en antropología, u orondo escritor, lo lea. Quizás nadie tiene interés por la obra de un Premio Nacional de Literatura del año 63, que publicó 27 libros de gran importancia cultural para Chile; al menos dos de ellos siguen siéndolo en razón de estar revelando nuestro código conductual y genético nacional; lo que significa auge y caída, quiebre y equívoco en el razonamiento de traerlo al presente. Equívoco para quienes piensan que lo patrimonial es sólo edificio y monumento; equívoco para quienes ignoran que don Benja renunció desde joven a la cuna de seda y al bienestar? por amor a la patria nativa, a la humanidad que encierra el alma de esta tierra. ¿Existe el amor a Chile, intensa y honorablemente? Buena pregunta, musitará entre dientes, ahora en pleno siglo 21, algún hipotético lector.

La vida de don Benja es un relato en búsqueda de razones profundas no de puro acontecer. En la adolescencia, investiga la vida de relación de los insectos y se comunica con el mundo publicando un libro. Llegado a la adultez, estudia psicología leyendo y viendo su aplicación a la vida real. Ensaya el verso, como primer salto de todo buen narrador; por eso, a sus textos futuros ya está en condiciones de otorgarles esa fascinación que proviene justamente de la poesía. La vida íntima de personajes bíblicos le interesan de sobremanera; la vida en el desierto africano la busca y la reduce a experiencia con una larga travesía en territorios desconocidos. Deviene al conocimiento con la creación de obras fundamentales. Reflexiona la estructura social y moral del ser humano y propone un esquema. Presente en la revolución anárquica de la juventud parisina (1965), escribe su lección sobre el mundo hippie; este libro marcó a muchos seres que hoy son adultos ("Manifiesto del mundo hippie", 1971).

Por los años 80, nadie sabía de las cenizas de Benjamín Subercaseux Zañartu (1902-1973), fallecido en Tacna como cónsul vitalicio de Chile con sede a elección. Cuando descubrimos la pista, su hijo respondió a nuestra ansiedad: "¡Aquí tienen ustedes a don Benja?". El último de esa estirpe de cónsules, tal como lo fuera Gabriela Mistral. Con los cambios sucesivos de gobiernos, de la oscuridad a la penumbra, ya no se ven escritores de esa alcurnia en el mundo chileno del siglo XXI.

Pero nadie sabe que esos restos se encuentran en la ciudad de Concón. Es un busto de bronce, creado por Marta Colvin, que guarda en el espacio del cerebro un cofrecillo con las cenizas del antropólogo-escritor. A raíz de esta reflexión y recuerdo, podríamos esperar que todo ese conjunto vaya a ocupar un lugar seguro en museo importante.
Porque don Benja, premiado por Francia y los EE.UU. -por su defensa de la libertad durante la II Guerra Mundial-, es patrimonio nacional.



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