EL Observador

11:25 hrs. Viernes 29 de abril de 2016 Gustavo Boldrini Pardo

Pensando en Guillermo Koenenkampf

Me he pasado la vida leyendo y hurgando libros y no lo había visto. Hace un tiempo, al leer su apellido y relacionarlo con una familia de Catapilco, me asombro y lo comento.

A los días, Ángel Martínez, un esclarecido estudiante de Música, me trae de regalo "Geografía Santa" (1936), de Guillermo Koenenkampf Cisternas. De inmediato me pongo a leer y a seguir su pista.

G.K.C. desciende de Federico Koenenkampf y Petronila Roterman, una de las familias alemanas que tras 1846, Francisco Javier Ovalle y Errázuriz trae a su hacienda de Catapilco, a trabajar en obras de irrigación; la famosa "laguna" que conocemos. Y se quedan en Chile.

Así, imaginamos que don Guillermo niño tiene una intensa vida campesina, de visos arcaicos, desde esos últimos años del siglo XIX. Y digo "niño" porque supongo que en algún momento, esquivando el destino triste que dejaba analfabetos a los niños del campo, lo envían a estudiar a la ciudad. Habrá sido muy aventajado: alrededor de los 20 años escribe "De mis noches" (1916), y "Camino de Damasco" (1928) poemas.

"Geografía Santa" es bellísimo. Veo, por sus cuentos y nouvelles, que los recuerdos catapilcanos de G.K.C., son claves para el argumento de éstos. Existen referencias a la construcción del tranque. Hay, también, una evocación que gozo, la de los "cordiales", un fragante postre (también bebida) que se preparaba batiendo claras de huevos con toronjil melissa y que yo comía cuando chico. Los cuentos "El Llanto" y "El Derrumbe" son casi rulfianos en su simplicidad y profundidad dramáticas. La descripción impresionista de un baile chino, en la conversa fantasiosa de niños que comen cógüiles hasta marearse... Cuentos muy candorosos, costumbres locales como la de lavadores de oro; las "lluvias", esos paños de tierra sin riego, y en las que los campesinos sembraban porotos.

El libro está prologado por el padre del costumbrismo chileno, Luis Durand. Elogioso, anota que el autor "nos da a conocer panoramas, paisajes y tipos de Aconcagua que hasta ahora no habían sido explotados dentro de la literatura chilena".

La obra de G.K.C. es vasta. Su libro "Azul del Sur" (1943) está comentado por otro gran escritor, Nicomedes Guzmán. "Rincón del agua" (1948) lo es por David Perry, célebre crítico de la revista "En Viaje"... Ilustrado, Koenenkampf también ejerció el ensayo y la crítica literaria, ésta nada menos que en "Atenea" la revista más importante en esos años.

G.K.C. también es díscolo y descreído del "mundillo" literario. Antipático, severo y, para conocerlo, dice Durand, "hay que perforar la corteza de su hurañía". Con todo, el reconocimiento de su valía artística "no merece la hostilidad con que la vida y el medio le han tratado", remata.

Quizá por eso, porque los odios literarios no permiten que su obra se conozca, nada sabemos de él, ni lo hemos leído. Quizá es mejor así. De este modo, siempre será un hallazgo encontrarlo y un premio leerlo. Pienso que me he pasado la vida hurgando libros y, recién lo encuentro. Pienso que esta crónica atenúa ese olvido.



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