EL Observador

13:34 hrs. Martes 29 de noviembre de 2011 Natalia Castro Avilés

Cuando una relación se termina

Natalia Castro Avilés / Psicóloga - Magíster en Psicología Clínica

Los quiebres son dolorosos, pero más aún cuando nos damos cuenta que la persona a la cual le entregamos nuestro amor, aparentemente no lo valoró. Ese desgaste constante que genera el estar con otra persona lo asumimos porque es parte de estar en una relación, pero lo difícil es entender ¿por qué elegimos a esa persona que fue capaz de generarnos tanto dolor? Es una pregunta cuya respuesta no es tan sencilla como quisiéramos.

Lo expongo de esta manera porque esa elección no necesariamente tiene que ver con el otro, sino con preguntarnos por qué decidimos y elegimos estar con esa persona.

En las relaciones de pareja siempre se ponen en juego dos subjetividades y como tales cada una tiene sus complejidades. Sin embargo, en toda dinámica relacional, algo se engancha en el otro y eso hace que estemos tanto tiempo al lado de una persona. El problema aparece cuando la relación en la que se está hace daño y eso sucede cuando uno de los implicados deja de reconocerse como sujeto y empieza a definirse como tal desde el otro, entonces comienza a relacionarse desde la pareja. Esto se hace perceptible cuando empezamos a escuchar alguien circunscribiendo, por ejemplo, sus horarios, actividades cotidianas y aspiraciones o proyectos a futuro desde lo que quiere el otro y no desde lo que realmente desea.

Lo importante, cuando se termina una relación de estas características, es poder mirarse y volver a reconocerse. Ese ejercicio es maravilloso porque es posible volver a encontrarse y reencantarse consigo mismo y al ocurrir eso se vuelve a sentir apreciado y querido, recuperando lo que alguna vez se perdió: la identidad.



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