EL Observador

8:20 hrs. Martes 05 de abril de 2016 Marco A. Espíndola Albornoz

Silencio y cleptocracia

Hay algo cocinándose desde hace varios años en el horno de nuestro país con los ingredientes de siempre, pero uno nuevo está retrasando el proceso de cocción y además está provocando malos olores.

Me explico, uno de los ingredientes corresponde a la política, pues desde hace varios años ya que la casta política dejó de trabajar para el pueblo y comenzaron a cuidar sus propios intereses, a espaldas, e incluso en contra de los votantes, generando un sistema Cleptocrático que es aceptado y hasta aplaudido por los propios miembros del partido. La cleptocracia es el gobierno del robo, donde los que tienen el poder político se aprovechan de sus cargos para hacerse ricos.

El segundo ingrediente es la casta económica, la que ha estado tras el poder desde siempre. Hablar hoy de las siete familias más ricas de Chile es cuento viejo, es sólo cosa de recordar que si hubiera sido rentable para los ricos seguir siendo una colonia española, la Guerra de Independencia no hubiera existido, ni la ancestral guerra contra el pueblo mapuche, ni la Guerra del Pacífico, ni los 12 golpes de estado que ha habido en Chile y me refiero sólo a los que fueron "exitosos" pues en total van 30, y tras todo esto ha estado siempre el poder económico, es decir los ricos del país, quienes hoy en día se han transformado en dueños de Chile frente a gobernantes sin escrúpulos, que están dispuestos a venderse al mejor postor, usurpando legalmente los recursos naturales a mansalva y transformando al chileno en mera mano de obra barata.

En cualquier país del mundo e incluso en el nuestro, estos ingredientes serian el caldo de cultivo para las revoluciones. Entiendo la aprehensión de algunos con relación a esta palabra, pues seguramente les quedó grabado en la corteza cerebral que las revoluciones son malas, que Dios está en el cielo y que los comunistas se comen a sus hijos, pero estamos en continua revolución como sociedad y como personas, de lo contrario seríamos piedras de río.

El tercer ingrediente, el que está retrasando los procesos y dando malos olores, es lamentablemente un arma que bien usada podría haberlo acelerado: se trata de las redes sociales, pues los revolucionarios de hoy, gritan como peces cibernautas encerrados en sus cómodas peceras, anarquistas de posteos y rebeldes de like. Dejen el computador y salgan a la calle, antes que les privaticen el aire, pues todo lo demás ya lo tienen ellos.
"Y nos fuimos quedando en silencio" (Schwenke y Nilo).



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