EL Observador

14:21 hrs. Viernes 18 de diciembre de 2015 Pedro Pablo Gac Becerra

Las batallas del estadio municipal y otras que apenas recuerdo

Nuestra frágil memoria histórica, nos hace olvidar algunos sucesos del pasado que en alguna medida explican -o por lo menos, ponen en su justa medida- los avatares del presente.

Por ejemplo, recuerdo un partido que jugaron en nuestro antiguo recinto municipal San Luis de Quillota y Unión La Calera, por allá en 1979 ó 1980.Todo iba bien hasta que algo sucedió, algún cobro, alguna pitanza desde las graderías, pero lo que vino después fue memorable: una verdadera batahola de patadas, puñetazos, escupitajos y palos que reemplazaron las genialidades de los futbolistas por un enfrentamiento descomunal de ambas hinchadas durante largo tiempo. Vi volar piedras, gruesas ramas de árbol y trozos de cemento sobre nuestras cabezas y tal como ahora, los incidentes no se limitaron al perímetro de nuestro campo deportivo, sino que continuaron en las calles aledañas, en especial detrás de la tribuna de calle Bulnes y hasta Esmeralda, e incluso, fueron atacados autos en calle Diego Echeverría.

No intento minimizar los hechos que acaecieron en el estadio de Valparaíso; pero, desgraciadamente, siempre han existido personas desubicadas, violentas o simplemente malhechores que ensucian la hermosa actividad deportiva y no es culpa de las autoridades, de la vigilancia privada o de Carabineros.

Los verdaderos culpables son aquellas personas que por respeto evitaré calificar. Y para los que exigen mayor custodia o leyes más duras no olvidemos que en aquella época estábamos en pleno gobierno militar, por lo que estos eventos masivos, además de la presencia de la policía uniformada en las puertas de entrada del estadio había soldados con fusiles Máuser e incluso con ametralladoras. Pese a todo igual había trifulcas de aquellas que ni les cuento.

Una de esas me tocó años después en La Serena, si no me equivoco en 1989. También estaba jugando Colo Colo, ahí quemaron parte de las graderías y hubo duros enfrentamientos con la policía. Escapé defendiéndome a lo primitivo de algunos agresivos hinchas capitalinos que arrojaban todo tipo de cosas. Sin embargo, lo último fue memorable: terminé junto a varios amigos protegido en un vehículo policial. Otra más para contarle a mis nietos.



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