EL Observador

16:29 hrs. Martes 25 de agosto de 2015 Ricardo Loyola Loyola

Petorca 1872: un edicto moralizador

El 2 de febrero de 1872, el juez subdelegado de la tercera inspección de Petorca, don Pedro Urrutia, ordenó: ?Teniendo conocimiento este juzgado que en esta sección viven varios individuos como casados dando escándalo y a poca distancia de sus padres, los que no ponen el remedio que exigen los verdaderos preceptos de la religión que profesamos, siendo con esto una verdadera corrupción que en el día se está viendo; por lo que a fin de poner el remedio necesario para evitar esto y que en adelante haya más moralidad a los ojos de la vindicta pública decreto: Llámese a todas estas personas para amonestarlas y hacerlas observar otra conducta, apartándose de su mala amistad. Urrutia?.

Así se vivía el verano de 1872 en Petorca, el nuevo subdelegado quien llevaba al corriente la justicia local en el centro de la ciudad que hoy conocemos, se alteraba con lo pecaminoso de la situación de quienes convivían sin recibir el sagrado sacramento del matrimonio. Es interesante sacar a la luz este tipo de documentos, toda vez que nos develan una faceta de cómo se vivía y las costumbres que reinaban, nos queda muy claro desde la segunda fundación de la Villa de Santa Ana de Briviesca, que los petorquinos respetaron cabalmente los dictámenes de la iglesia Católica, construyendo incluso ellos mismos de su peculio personal el edificio donde se ubica hoy la parroquia. Asimismo, el fervor se siente hasta nuestros días en las celebraciones de Semana Santa o en las de la patrona del pueblo, Nuestra Señora de la Merced.

Hoy obviamente la óptica que aplicó el juez Urrutia sería inconcebible, pero el viaje de este decreto desde 1872 a nuestros días, nos explica cómo hemos evolucionado y de qué manera avanza nuestra población e incluso de cómo estos jueces de menor jerarquía podían preocuparse hasta de los más íntimos detalles de la población bajo su jurisdicción.



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