EL Observador

14:07 hrs. Viernes 24 de julio de 2015 Marco A. Espíndola Albornoz

Reflexiones de invierno

Estaba pensando en lo que debería escribir en esta columna y hoy me sería bastante fácil hablar de las calamidades que nos provocan nuestros legisladores, la corrupción, el chaqueteo, la ineptitud, el descaro, la falta de ética y consecuencia, la indecencia, el arribismo, el endiosamiento, la gula de poder y dinero, pero la verdad me deprime solo pensar en ello y no hablo de un partido, de una coalición o algún color especifico, me refiero a todos. Incluso pensar que me estoy volviendo anarquista me deprime.

Podría escribir entonces de algunos problemas como educación, salud, vivienda, pensiones, AFP, impuestos, aborto, marihuana, matrimonio y adopción gay, trabajo, remuneraciones dignas, religión, justicia, suma y sigue, pero necesitaría una columna de 200 páginas por cada tema.

Pensé en escribir sobre la televisión abierta y sus programas, pero no podría, sería una inconsecuencia de mi parte, pues estoy en rehabilitación de mi adicción a la TV y feliz porque este próximo mes cumplo mi primer año de abstinencia.

Entonces, les dejaré un pensamiento para reflexionar.

¿Qué es la vida sino una continua paradoja? Hoy hay casas más grandes, pero familias más pequeñas; más comodidades, pero menos tiempo; más licenciaturas, pero menos sentido común; más conocimiento, pero menos juicio; tenemos más expertos, pero más problemas; más medicinas, pero menos salud.

Gastamos sin medida, reímos poco y conducimos velozmente. Nos enfadamos rápido, leemos casi nada y vemos mucha televisión, hablamos más y reflexionamos menos. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero reducido nuestros valores; amamos muy poco y mentimos demasiado. Hemos aprendido a buscarnos la vida pero no a vivirla; tenemos más edificios altos, pero temperamentos más cortos; autopistas más anchas, pero visión más estrecha. Gastamos más pero tenemos menos, hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar; buscamos mayores ingresos pero no mayor moral; estamos largos de cantidad pero cortos de calidad, tenemos más entretenimiento pero menos diversión; más alimentos pero menos nutrición; percibimos dos ingresos pero tenemos más divorcios; casas firmes, pero hogares rotos.

Buscamos conquistar nuestro espacio exterior, pero no el interior, nos sumamos en redes sociales, pero nos restamos en buenos amigos.

La vida es una cadena de momentos felices, no todo es supervivencia. Póngase su mejor traje, use su mejor perfume cada vez que quiera y no permita que su vida sea una continua paradoja.



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