EL Observador

13:33 hrs. Sábado 12 de julio de 2014 Gustavo Boldrini Pardo

Resonancias del ´Finaoguacho...´

Creo que la bailarina Yerka Luksic, gran figura en los años 50, sintió pasión por lo aborigen, por las personalidades salvajes. Ahí en El Horcón, en Orlando Acevedo, encontró la personificación de ese sentimiento. El pescador que, de un modo "violento y tierno", actuaba desde su ser más primigenio. Por eso, ella se enamoró de él, hasta que comenzó con ese viejo error de querer "educarlo". En el modo "silvestre" del pescador, Yerka quizá entrevió el furor, lo misterioso, la belleza de una esencia virgen; algo muy parecido a la danza, al baile salvaje y furtivo que ella practicaba desnuda en la Puntilla del Fraile. Pero quiso "educarlo" y ese afán, a la larga, le costó la vida.

Sé que el tema de Yerka me está vedado. Es de Horcón, y pertenece a Omar Valdivieso. Tampoco soy intruso, y si lo menciono es porque terminé la lectura de "El Finaoguacho y otras memorias del viejo Horcón" (El Guardián de la Memoria, 2014) en donde el furor del autor nace de la rigurosa humanidad lugareña, y evoca la imagen primitiva de pescadores que se juntan alrededor del fuego a contar una historia. Es que lo humano no nació con el primer fuego, sino de la primera vez que se contó un cuento en torno a él.

Por eso, también, las historias de Valdivieso llevan consigo el origen y el destino. El registro literario es amplio. Hechos reales, leyendas, fantasías, mitologías, crónicas costumbristas... en fin, todos los énfasis que la Historia utiliza para expresar lo que es verídico y sin mediar cedazos ilustrados. Por ejemplo, la narración de los cuasi míticos galgos horconeros es épica pura. Otra cosa: no me gusta mirar hacia la "herencia clásica", pero la leyenda que da nombre al libro podría ser la versión más refinada de un mito griego: un hombre nacido del mar. Las crónicas sobre los bailes chinos o la Santa Cruz son necesarias para comprender lo sensible del ser horconino. La resonancia de este libro me hace retomar el primer párrafo acerca de Yerka Luksic...

En su cuento "La bailarina y el pescador" el autor comete el mismo desliz que su protagonista. Omar Valdivieso, entre "violento y tierno" esta vez prefiere la ternura y convierte a la indómita Yerka en una "princesita" romántica. Así como en vida ella quiso educar al pescador, hoy el autor suaviza la naturaleza de la díscola bailarina, tratando de atenuar su sino trágico, casi maldito. Los buenos cuentos siempre resuenan. ¿O es una metáfora de un Horcón que amado por su reciedumbre puede terminar en idílica postal de balneario?

Con todo, Omar es un escritor salvaje. Aún está alrededor del fuego original y por eso narra a borbotones, a gritos, subrayando, entrecomillando, riéndose de la sintaxis, por la urgencia vital de dar letra a una oralidad que sin él, sin la voz de la tribu, puede morir con pueblo y todo. Leer a Omar Valdivieso le da sobrevida al Horcón.



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