EL Observador

13:22 hrs. Viernes 27 de junio de 2014 Pedro Pablo Gac Becerra

Los cien años de Platero

Escribir un libro sobre la amistad entre un hombre y un animal no es usual, de hecho, redactar un texto literario cuyo personaje central es un animal ya puede ser extraño, más aún si se refiere a uno de aquellos que, no necesariamente son los más populares, valerosos o bellos.

Se han escrito relatos sobre caballos, perros, lobos o ruiseñores; incluso, se ha dejado volar la imaginación en torno a seres fabulosos, mitad humanos mitad bestias, como dragones o centauros; pero basar un relato literario en el amor de un hombre con respecto a un burro y a partir de ello, retratar a una sociedad y una época, en un libro, aparentemente escrito para niños, resulta particularmente extraordinario. Sin embargo, esa es la trama de "Platero y Yo", uno de los libros más hermosos y célebres de todos los tiempos, publicado por el escritor español Juan Ramón Jiménez, hace exactamente un siglo.

Siento nostalgia de la felicidad que experimentó el joven que lo leyó por primera vez en la biblioteca del Liceo Santiago Escuti Orrego una tarde de invierno de 1985. Aunque siento una mayor tristeza porque los niños del presente no tienen la posibilidad de conocer a este burro mágico que impregnaba de paz el alma de su amo y de todos los que soñamos que éramos el dueño (¿o el hermano?) de este pequeño asno de algodón gris y ojos azabache, tan blando por fuera que se diría que no lleva huesos.

¿Habría que invertir tanto dinero y tanto esfuerzo en reformas educacionales si los niños volvieran a leer a "Platero y Yo" o al "Mío Cid" o al "Quijote"? Una juventud desprovista de ideales, nihilista, amargada y enrabiada subyace en las entrañas de nuestra sociedad. ¿Por qué será? Juan Ramón Jiménez, poeta, humanista y Premio Nobel reflexiona en el último párrafo de su libro cuando ya su amigo, pequeño, peludo y suave ha ascendido al cielo como una leve mariposa blanca que revuela de lirio en lirio, palabras que aún treinta años después puedo rememorar: "Tú, Platero, estás solo en el pasado. Pero ¿qué más te da el pasado a ti que vives en lo eterno, que, como yo aquí, tienes en tu mano, grana como el corazón de Dios perenne, el sol de cada aurora"?



Portadas El Observador


 
 

Casa Matriz
La Concepción 277. Casilla 1 - D.
Quillota, V Región, Chile.