EL Observador

15:11 hrs. Martes 10 de junio de 2014 Gabriel Abarca Armijo

A cobrar la promesa del político 24/7

Los vecinos del barrio Centenario de Los Andes me han sorprendido gratamente. Su lucha incansable para evitar que se instale una antena telefónica en su sector demuestra cómo una comunidad organizada y sin intereses partidistas de por medio, puede unirse en torno a una problemática común y luchar con buenas armas defendiendo su posición.

Pero su coraje no es lo que más me llama la atención. Estos vecinos no se conforman con sólo impedir que una antena se instale en su barrio: ellos quieren cambiar la ley.

Sin duda esta actitud osada y ambiciosa marca un precedente en lo que respecta a los objetivos que las comunidades establecidas puedan conseguir. En el histórico barrio, quieren que la ley que regula la instalación de estas antenas telefónicas sea modificada, no sólo para su propio beneficio, sino para que este tema sea revisado para todo el país. La pregunta natural que surge ante esta iniciativa que los llevará al Congreso Nacional a exponer su problemática es: ¿pueden los vecinos cambiar las leyes?

Ellos, de manera directa no. Pero quienes sí están facultados para hacerlo son los diputados y senadores de la República, por lo tanto, en sus manos descansan las aspiraciones de todo un país. El problema está en que muchas veces nuestros representantes no muestran la proactividad que podríamos esperar de ellos.

Les quiero poner el siguiente ejemplo: todos aquellos que trabajan de manera dependiente tienen un jefe al que le deben rendir cuentas de su desempeño. El trabajador, si no hace bien su labor, puede incluso ser despedido. Ahora, los diputados y senadores, son elegidos de manera democrática por los votantes, quienes a través de la papeleta le están entregando su confianza y sus sueños. Por ende, como sociedad informada, tenemos el derecho de exigir a nuestros representantes en el Congreso que hagan bien su trabajo y beneficien a la comunidad.

Puede sonar extraño, y hasta casi como una falta de respeto. Pero no. Ellos están en ese lugar gracias a que usted y yo los elegimos, y por eso nos representan. Trabajan para el país y, por lo tanto, para nosotros. Deberían estar dispuestos a escuchar nuestras inquietudes, recibir nuestras felicitaciones cuando se la juegan por nosotros, pero al mismo tiempo recibir nuestro descontento si no están cumpliendo con lo que prometieron. Una de las frases más usadas en sus campañas es que ellos serán diputados o senadores "las 24 horas del día y los 7 días de la semana". Bueno, cobremos esa promesa.



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