EL Observador

15:48 hrs. Viernes 06 de junio de 2014 Claudio Arellano Cortés

Legado de San Marcelino Champagnat

El 6 de junio de 1840 falleció en Le Hermitage, Francia, Marcelino José Benito Champagnat Chirat, fundador de la Congregación de los Hermanos Maristas, rodeado por el cariño de sus Hermanos. Partía al encuentro con el Padre este sacerdote que sintió la llamada a constituir una congregación dedicada a la educación de los niños y jóvenes de sectores rurales.

En su testamento espiritual a los Hermanos, el Padre Champagnat les expresa: "Ámense mutuamente como Jesucristo los ha amado. Que entre ustedes haya un solo corazón y un mismo espíritu". Este deseo ha marcado no solo la vida comunitaria de los religiosos, sino también el estilo de relación que los Hermanos Maristas han establecido entre ellos y en su vínculo con los educadores laicos. El sello de su vida y de la relación que tienen con la comunidad es fiel reflejo de las virtudes que el fundador les sugiere en su testamento: "Que la humildad y sencillez sean siempre el carácter distintivo de los Hermanos Maristas".

Hoy en día, los colegios Maristas son dirigidos en su mayoría por laicos comprometidos con la Iglesia, que han sido formados por los Hermanos. Por su parte, el trabajo de aula es desarrollado por educadoras y educadores que realizan un esfuerzo importante para lograr que las alumnas y alumnos reciban el beneficio de la Educación Marista, caracterizada no solo por la exigencia académica, sino por los valores que el Padre Champagnat nos legó: amor a Jesús y a María, espíritu de familia, fraternidad, presencia, sencillez, abandono confiado, solidaridad y amor al trabajo. Estos valores constituyen la clave en la cual se funda la pedagogía Marista. Su logro no es tarea fácil, pues la sociedad actual camina en orientación contraria a la espiritualidad en que se funda nuestra propuesta educativa. El materialismo, el hedonismo, el individualismo, el relativismo valórico, el quiebre cada vez más frecuente de muchas familias, son el escenario en que debemos movilizar nuestros mejores esfuerzos para evangelizar desde la educación, verdadero objetivo de la educación Marista.

Este 6 de junio se cumplen 174 años de la Pascua de nuestro fundador. Marcelino no fue un buen alumno, le costó estudiar, pero su constancia, su deseo de ser sacerdote, lo llevó a sacrificarse y a enfrentar con estoicismo, convicción y fuerza interior, las dificultades no solo del estudio, sino los obstáculos con los que se encontró para lograr el reconocimiento legal de su obra educativa. Hoy, cuando la educación se ha transformado en un tema relevante de la vida nacional y se aspira a que sea de calidad, las palabras de San Marcelino resuenan en nuestro interior y constituyen una carta de navegación tanto para los educadores como para los padres: "La educación es para el niño lo que el cultivo para el campo. Por muy bueno que éste sea, si se deja de arar, no produce más que zarzas y malas hierbas".

En este día, los Maristas del mundo, presentes en 79 países, nos unimos en un gran abrazo y renovamos nuestro compromiso con la educación cristiana de los niños y jóvenes que el Señor nos ha confiado. Es el mejor homenaje que podemos rendir a nuestro querido fundador.



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