EL Observador

15:13 hrs. Viernes 30 de mayo de 2014 Romina Maino Jiménez

Si no sabemos quienes fuimos, ¿cómo tendremos un futuro?

Romina Maino Jiménez / Periodista

El domingo pasado, se celebró en Chile el Día del Patrimonio, jornada que permitió que museos, galerías de arte y diferentes edificios históricos de nuestro país mostraran sus bondades a la ciudadanía, para que esta volviera a empaparse de cultura e historia.

Más de 250 espacios abrieron sus puertas en la Región Metropolitana y alrededor de 259 en regiones, recibiendo a más de 300 mil personas, según datos preliminares entregados por el Consejo de Monumentos Nacionales. Un número no menor de chilenos, que aprendimos de nuestra historia y por ende un poco más de nosotros mismos. No obstante, el día lunes, ya lo habíamos olvidado ¿por qué? Simplemente, porque retornamos a nuestra cotidianidad, que ensalza un falso progreso, en nombre de la modernidad, en desmedro de nuestra herencia cultural.

Muestra de aquello, son nuestras propias calles, las que en un pasado no muy lejano albergaban bellas construcciones que se asomaban como verdaderas obras de arte, debido a que las personas que las construyeron no lo hicieron con el afán de suplir una necesidad de vivienda, sino de expresar en unos cuantos metros, qué era lo que los identificaba. Inmuebles que nos hacían recordar quiénes éramos. En la actualidad, estos son demolidos y en algunos casos, presas del fuego para dar paso a enormes y fríos edificios, que no dejarán ningún legado, ni identificación de nuestra época.

Actualmente la ciudad de Quillota, sólo cuenta con un edificio patrimonial, el que está protegido por la Ley de Monumentos Nacionales. Éste es el Museo Arqueológico, por lo tanto el resto de las construcciones, a pesar de su antigüedad y de la apreciación personal que podamos tener de ellos, pueden ser arrasados en el nombre del progreso y de la modernidad. Preocupante situación, si tomamos en cuenta el boom inmobiliario que está experimentando la comuna.

Como si esto fuera poco, una de las primeras obras de ingeniería realizadas en nuestro país, la vía férrea, ha sido borrada para siempre la memoria quillotana. Recuerdo que un joven fotógrafo rescató imágenes de los vestigios del tren en su ramal de Valparaíso a Santiago. Éste contó decepcionado que en Quillota no pudo fotografiar nada, porque no existen vestigios del ferrocarril.

Nuestro patrimonio no solo se encuentra en los museos, ni en las galerías de arte. Se encuentra también en cada una de las esquinas que recorremos día tras día y es nuestra responsabilidad dejar que éste no desaparezca. Un solo día no puede definir nuestro interés por la cultura y por la historia, es nuestra obligación que sea una constante. Si esto no ocurre, nuestros descendientes no entenderán nada del país en el que viven.



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