EL Observador

13:08 hrs. Viernes 15 de julio de 2011 Sabrina Arroyo Weckesser

La dulce espera

El hecho de estar esperando un bebé es, para la mayoría de las mujeres, un momento único e inexplicable, colmado de emociones que aunque una quiera, no pueden describirse.

Además de estar felices y orgullosas porque nuestro vientre se convierte en cuna por algunos meses, también puede resultar incómodo en varias situaciones.

Quienes no han estado en "la dulce espera" desconocen los malestares que provoca el embarazo, porque una cosa es lo que dicen o lo que se puede leer y otra muy diferente es experimentarlo en carne propia.

¿Dónde quiero llegar? Bien, hace unos días entré al supermercado y me di cuenta que arriba de una de las cajas decía "Futura mamá", obviamente me acerqué allí, con mi prominente panza de embarazada y resultó que la fila era más larga ahí que en cualquier otra caja y de todas las personas que estaban en esa caja, ninguna estaba embarazada. Obviamente que nadie hizo nada, a pesar del enorme cartel que colgaba sobre la caja. Considero esto una gran falta de respeto.

Días más tarde fui un banco donde, por supuesto, la fila parecía interminable. Sin más opciones, me paré detrás de todas las personas. A los pocos segundos otra futura mamá llegó al banco teniendo que hacer la misma fila. Muchos de los presentes se miraron y comentaron sobre el tema entre sí, pero nadie fue más lejos, tampoco nosotras, por evitar problemas y que piensen que la intención es obtener la ventaja de pasar sobre los demás, así que las dos estábamos ante la mirada impávida del guardia de seguridad, que en ningún momento se acercó para preguntar, al menos, si queríamos esperar sentadas.

De ninguna manera pienso que por el sólo hecho de estar embarazada hay que tener más privilegios que los demás, pero estar de pie cierto tiempo trae molestias como mareos, dolores de cintura, entre otros. Nada cuesta que podamos esperar en mejores condiciones. Esto mismo sucede con los ancianos que muchas veces dependen de la solidaridad de los demás para poder hacer un trámite, cuando debería ser obligación de los dueños o encargados de las instituciones el hacer más cómoda la espera de quienes estamos en situaciones diferentes al resto.

En definitiva, habrá que seguir apelando a la gentileza de los demás, a que respeten la palabra "prioridad" y recuerden que en cualquier momento puede tocarles. Uno nunca sabe cuándo podría estar en el lugar del otro.



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