EL Observador

11:41 hrs. Viernes 28 de marzo de 2014 Magdalena Córdova Córdova

¿Nos cansamos de denunciar?

Sorprende que a pesar de los hechos policiales que cada día se conocen de manera pública, haya una cifra negra que quede en absoluto desconocimiento. Me refiero a aquellos acontecimientos que no alcanzan a aparecer en las estadísticas policiales, pues las víctimas o testigos no los denuncian.

Si bien a veces se puede tratar de delitos menores, no me cabe la menor duda que al sumar cada uno de estos acontecimientos, las cifras delictuales aumentarían de manera contundente, dejando por el suelo la realidad estadística que actualmente tratan las policías, como así también el Ministerio del Interior y de Seguridad Pública en su conjunto.

¿Por qué estos sucesos no son del todo reconocidos y sólo se habla de que el nivel de victimización se encontraría en una aparente disminución? Las causas pueden ser muchas.

Recorriendo los barrios resulta recurrente el escuchar a los dirigentes vecinales lamentar cómo es que ya se encuentran aburridos de denunciar delitos, como por ejemplo, el tráfico de drogas, lo que incluso los lleva a pensar sobre la posibilidad de que exista alguna red de protección que beneficia a los delincuentes que muchas veces son denunciados con nombre, apellido y domicilio; pero nunca aprehendidos.

¿Para qué voy a seguir denunciando, si no pasa nada, y más encima pongo en riesgo a toda mi familia? Esta es sólo una de las preguntas que los dirigentes se hacen a diario, mientras miran por la ventana de su casa cómo el delincuente cada vez aumenta su poder en las calles de la población.
Es por ello que personalmente pongo en duda el que sea efectivo que cada día se registren menos delitos y con ello aumente la seguridad de la ciudadanía.

Al contrario, al hacer un sondeo, por breve que sea, cada vez es más recurrente el cuestionar este planteamiento. Basta con recorrer las calles del centro o de la periferia para darse cuenta que ya no tenemos la tranquilidad que caracterizaba a la provincia, esa misma por la que elegí vivir en región.

Y al dar vuelta este cuestionamiento, queda preguntarse qué pasaría si todos hiciésemos efectiva la denuncia por el delito que hemos sido víctima, por pequeño que este sea. ¿El sistema policial y el Ministerio Público darían abasto para investigar tantas causas?

La desilusión nuevamente nos embarga como ciudadanía, viendo incluso proyecciones que algunos catalogarían de apocalípticas, al llevar tal frustración al deseo de querer tomar la justicia por nuestras manos. Espero que ese no sea el fin de esta historia.



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