EL Observador

18:41 hrs. Viernes 21 de marzo de 2014 Pedro Pablo Gac Becerra

Una antigua película boliviana

"Amargo Mar" es una película boliviana de 1984 que recrea, desde un punto de vista controversial e innovador, la compleja trama política, económica y social que provocó la Guerra del Pacífico y, por sobre todo, profundiza en las verdaderas razones que explican la extraña actitud que adoptó una parte de su élite gobernante frente al conflicto que amenazaba la integridad territorial de su país.

Esta verdadera obra de arte del cine altiplánico (también existe una entretenida versión animada del mismo filme) es un testimonio conmovedor de una sociedad que aún no olvida estos dolorosos sucesos; pero también constituye un documento histórico innegable de los intereses externos e internos que provocaron su derrota política y militar.

Bolivia es el corazón de América, uno de los lugares más hermosos que he conocido, de hecho, en esa belleza prístina, casi inexplorada, se inspiró el notable Sir Arthur Conan Doyle para escribir su famosa novela "Un mundo Perdido". Recorrer Bolivia, en la actualidad, también puede ser una experiencia sorprendente, especialmente para un chileno, esta nación por ejemplo, ha resuelto con inteligencia y dignidad, problemas étnicos y jurídicos que aún atormentan a pueblos originarios de nuestra tierra. Un estado plurinacional que respeta y valora con pasión su patrimonio y ecosistema es algo que ya quisieran otros gobiernos.

En Bolivia hay tantos seres valiosos, tantas riquezas materiales e inmateriales, tantas posibilidades y proyectos interesantes, que en mi opinión ni siquiera requiere de una salida al mar. Quizás si el mundo descubriera a Bolivia en su real magnitud y, claro está, si ellos nos descubrieran, realmente, a nosotros; se haría innecesaria una demanda legal para terminar con su larga mediterraneidad. A lo mejor viendo nuevamente esa vieja película podrían y podríamos comprender las enormes similitudes que nos unen como la noche al rocío y de paso, nos ahorrarían miles ¡miles! de millones de pesos en gastos legales que tanto servirían para que ambas naciones alcanzaran el desarrollo económico que sus ciudadanos esperan y merecen desde tiempos inmemoriales.



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