EL Observador

19:32 hrs. Jueves 06 de marzo de 2014 Claudio Arellano Cortés

Cien años sembrando valores Maristas

Cuando Marcelino Champagnat, fundador de la Congregación Marista, escribió en su carta del 15 de febrero de 1837 a monseñor Filiberto de Brouillard, obispo de Grenoble: "Todas las diócesis del mundo entran en nuestros planes", seguramente no pensaba en Chile ni en la Diócesis de Valparaíso ni en Quillota. Pero sí estaba en su espíritu y en sus sueños el llevar su obra educativa por todos los rincones de la tierra. En la misma carta lo dice así: "Cuando los señores obispos quieran llamarnos a sus diócesis, nos apresuraremos a volar en su ayuda y considerarnos siempre sus humildes y muy sumisos servidores".

No pasarían muchos años para que se realizara el primer intento por traer a los Hermanos Maristas a Chile, como iniciativa de un anciano párroco, en el año 1898. Luego, en 1910, es monseñor Martín Rücker, vicario general del Arzobispado de Santiago, quien inicia las gestiones definitivas para traer a la Congregación Marista a Chile, debido a la carencia que tenía la Iglesia chilena de personal apostólico destinado a labores pedagógicas.

El Instituto Rafael Ariztía fue el tercer colegio que los Hermanos Maristas fundaron en Chile, luego del Instituto Chacabuco de Los Andes, en 1911, y el Instituto San Martín de Curicó, en 1912. Un caluroso verano de 1914, llegaban hasta Quillota los Hermanos Luis Tirón y Julien (primer director), Alfonso Loger y Luis Félix Rostain, trayendo consigo el sueño del padre Champagnat de formar Buenos Cristianos y Buenos Ciudadanos. Continuaba así la materialización de ese deseo de tener presencia en todos los rincones del mundo y Quillota tenía el privilegio de contar con un Colegio Marista, que ya es parte de la historia de nuestra ciudad.

Este sábado 8 de marzo, se cumplen 100 años desde que nuestro Instituto fuera inaugurado. En su fundación, hubo dos personas claves: el párroco Rubén Castro Franchiny y el destacado hombre público y filántropo Rafael Ariztía Lyon, quienes en conjunto con el Arzobispado de Santiago, contribuyeron a la creación de esta institución centenaria.

El colegio inició sus clases con 113 alumnos distribuidos en tres preparatorias. Hoy se erige como una sólida institución, que basa su proyecto educativo en una clara misión, que ha permanecido inalterable en el tiempo: Evangelizar por medio de la Educación. Sus actuales mil 400 alumnas y alumnos son la consecuencia de la adhesión que cerca de mil familias del Valle de Quillota manifiestan al optar por nuestro modelo educativo.

Por eso, tenemos la satisfacción de celebrar y de compartir nuestra alegría con toda la comunidad de Quillota. A través de estas líneas quiero expresar un afectuoso saludo a los miles de exalumnos que han pasado por nuestras aulas y a las familias que nos han confiado a sus hijos para que les ayudemos a educarlos. Quiero recordar también con profundo agradecimiento a los Hermanos Maristas y a los laicos comprometidos que en el pasado contribuyeron a tejer la hermosa historia del IRA. Esa historia que hoy continuamos nosotros y que nos alienta a seguir haciendo camino, con menos hermanos, pero con la misma convicción de estar contribuyendo a educar en la fe a tantos niños y jóvenes de esta tierra generosa.

Gracias, Quillota, por permitirnos sembrar en tu tierra los valores Maristas.



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