EL Observador

11:22 hrs. Viernes 21 de febrero de 2014 Magdalena Córdova Córdova

Cada vez menos feligreses en los templos

Hace sólo algunos días salió a la luz pública una acusación presentada por sacerdotes de la Diócesis de Aconcagua en contra del máximo pastor de esta institución, Monseñor Cristian Contreras, a quien sus mismos "colegas" acusan por supuestos abusos sexuales cometidos en contra de menores de edad.

Este hecho se suma a una seguidilla de denuncias y condenas que han apuntado -hasta ahora- a un total de cuatro religiosos que mientras ejercían su estado clerical en las Provincias de San Felipe, Los Andes y Petorca, cometieron delitos sexuales en contra de niños y, en algunos casos, también contra adultos.

Esta cifra es la que tiene a la Diócesis de Aconcagua como la primera de Chile en presentar mayor número de casos condenados relacionados con delitos sexuales, lo que puede ser analizado desde varias aristas.

Para ningún feligrés cercano a la Iglesia Católica local es un secreto que esta entidad tiene características de una verdadera "bolsa de gatos", pues los problemas de poder interno, sumado a esta serie de delitos, han logrado filtrarse más allá del Altar Mayor.

Es así como vemos que esta Diócesis tiene este triste récord, quedando en el aire la pregunta respecto a si en estos casos se han denunciado sólo porque ya no es posible tapar el sol con un dedo o porque realmente existe voluntad -por parte de las autoridades eclesiásticas- por esclarecer hechos de esta naturaleza y con ello proteger realmente a las víctimas, más que a los victimarios.

Por lo menos, este último planteamiento ha sido el presentado por el Papa Francisco a nivel mundial, que ha llegado como una nueva brisa refrescante a esta Iglesia que ya apestaba entre las penumbras.

Sin duda que los sacerdotes que mantienen viva su vocación tienen un gran trabajo por delante, pues se han perdido dos elementos fundamentales en la relación de la Iglesia, como institución, con sus feligreses: la confianza y el respeto.

Estos dos elementos, difíciles de consolidar pero fáciles de destrozar, serán los encargados de restaurar la generación de sacerdotes que actualmente se encuentra activa, como así también las que vengan, pues se trata de una labor permanente, especialmente considerando que el dolor ha calado en lo más profundo de la comunidad.

No sé si se logrará restaurar esta relación, pero lo cierto es que hoy cada vez son menos quienes asisten a los templos o participan de los ritos católicos. Sólo les queda a los sacerdotes afirmarse de las fiestas religiosas tradicionales, esas mismas que en su momento fueron criticadas por paganas, para atraer más feligreses a sus templos.



Portadas El Observador


 
 

Casa Matriz
La Concepción 277. Casilla 1 - D.
Quillota, V Región, Chile.