EL Observador

11:00 hrs. Viernes 24 de enero de 2014 Gustavo Boldrini Pardo

La abandonada ruta de Meiggs

En 1863 la muerte inauguró el ferrocarril Santiago-Valparaíso. Cerca de mil carrilanos perecieron en las vías durante su construcción. Poco más de un siglo después -en febrero de 1986-, dos trenes chocaron en las cercanías de Queronque dejando unos 60 pasajeros muertos.

Fue la gota que rebalsó el vaso y terminó con el servicio de pasajeros entre Valparaíso y Santiago. En ese momento, la trocha ferroviaria que nos había comunicado con la capital quedó lista para la foto.

Allí, a lo largo de un riel de unos 180 kilómetros están desparramados puentes, líneas férreas, túneles, estaciones, terraplenes... Para no hablar del decaimiento de pueblos que florecieron en la expansión ferroviaria, ni de sus detalles humanos intrínsecos: las cartas que alguien recibió en La Cruz, la chirimoya que un joven quillotano ofreció a una señora de Villa Alemana; el borracho que una noche de lluvia, en Las Chilcas, vio a un puma mirando al convoy... En fin, cosas que seguirán siendo legendarias para los que amamos al tren.

Es el momento en que Felipe y Boris Urquieta Muñoz salieron a la trocha y desde sus fotografías conjuran al tren ausente, ya hecho metáfora y emblema del viaje trunco. "La ruta de Meiggs. Ferrocarril Valparaíso-Santiago 1863-2013, Origo, 2013" está presentado no sólo desde la memoria o la ingeniería, sino también desde una manera de mirar que equilibra lo estético y lo documental.

Paradojalmente, estas fotografías que quieren destacar la belleza de un recorrido y sus obras, además del deseo de recobrarlo y ponerlo en valor, se sitúan entre los ejes del abandono y la desesperanza. Con todo, ¡aún es fotogénico el ferrocarril!

Quizás por familiaridad con ella, la primera fotografía que nos impacta es la de "Estación San Pedro Ramal Quintero" cuya composición se instala, como levitando, entre la horizontalidad que le construyen el riel, el andén, ¡la flor de la pluma! y el logo que la nombra. "Vías Ramal Las Vegas" es la imagen en la que hay más presencia del drama de los ferrocarriles y la pobreza del orden territorial sin ellos.

Difícil tema el de la patrimonialidad. Sobre todo pensando que el tren fue una empresa que perteneció al pueblo chileno. Su criterio de operación pasaba por lograr rentabilidad social y actuar desde los requerimientos del bien común... Una ingeniería eterna, los rieles de la C.A.P., la mampostería hecha por albañiles chilenos permanecerán por algunos años más y se eternizarán en este libro. Lo que es de madera, perecerá luego. Es que el patrimonio siempre se quema y arde tan rápido... como la Estación de Quillota.

Bello y también muy triste es el trabajo de los hermanos Urquieta Muñoz. Casi una poesía del abandono construida en riguroso blanco y negro, realzando esa nobleza y majestuosidad que algunas tragedias suelen dejarnos.



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