EL Observador

11:43 hrs. Martes 21 de enero de 2014 Cristián Vila Riquelme

El eterno retorno

Cristián Vila Riquelme / Escritor y Doctor en Filosofía de La Sorbona

El concepto del Eterno Retorno, del cual maese Nietzsche hizo uno de sus pilares fundamentales, no lo inventó él sino que venía de mucho antes. Viejas tradiciones hindúes (por decirlo así), algunas de la vieja Sumeria, incluso entre los misteriosos Mayas, hablaban de eso como algo absolutamente natural. El bueno de Karlitos (Marx), dijo alguna vez en uno de sus textos ("18 de Brumario de Luis Bonaparte") que la Historia se repetía, una vez era una tragedia y la otra una farsa. Y si uno mira la historia de nuestras naciones, el bueno de Karlitos tiene razón, y maese Nietzsche se ríe a carcajadas. Qué le vamos a hacer.

Si todo se repite, la verdad es que no tenemos nada que celebrar y, mucho menos, pretender que algo puede ser cambiado. Si todo eso es mera especulación no tenemos nada de qué preocuparnos, pero si no lo es, todo aquello está en el centro de nuestras preocupaciones. De tal manera que, sea cual sea nuestra postura, lo que ocurre (o la ocurrencia) no es un chiste de mal gusto si no una verdad verdadera (como decía maese Víctor Jara). Por eso, miramos a nuestro alrededor y todo, de pronto, se nos presenta de golpe, como una especie de trombosis coronaria, es decir, no hay más vuelta que darle a semejante improperio de la Historia (sí, con mayúsculas, como le gustaba a monseñor Hegel).

Pero, si miramos con mayor detención, todo aquello no sólo es real sino que, incluso, es razonable: la larga cadena de razones cartesiana no sólo parece verdadera sino que nos permitiría guiarnos en medio de esta selva de verdades, mentiras, conceptos y contra proposiciones. ¿Y qué significa mirar con mayor detención?: instalarse entre los conceptos de la verdad y la mentira y las dudas que eso conlleva, para sacar no sólo las propias conclusiones, sino que aquellas que nunca han sido consideradas por la verdad oficial. Aunque el problema, con las dudas cartesianas, es que dudan de todo menos de Dios. Y ahí reside el problema. Al menos el bueno de Karlitos honradamente ponía en duda cualquier evangelización de las cosas y maese Nietzsche simplemente se reía de ellas.

Aquí en Chile, tenemos cantidad de gente (políticos) llenos de certezas. Lo dicen en la tele, lo dicen (cuando pueden escribir, los muy tontos) en algún artículo de algún periódico, o, si es que se atreven a hablar, desde la testera de su lugar en el parlamento. Por eso, alguna vez alguien dijo que sólo defendíamos la democracia cuando la habíamos perdido. ¿Y qué estamos haciendo ahora?



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