EL Observador

14:31 hrs. Viernes 10 de enero de 2014 Alfredo Fernández Piraíno

Señales de PISA

Desde hace algún tiempo la educación ha pasado a ocupar un lugar central dentro de las preocupaciones de los chilenos. Sin embargo, las encuestas de opinión anteriores a 2009 mostraban una buena evaluación respecto a este ítem. ¿Qué pasó entonces para crear este cambio de opinión tan repentino?

En estricto rigor, en educación no ha ocurrido nada revolucionario. O a lo menos no ha habido ningún elemento que individualmente pueda ser considerado revolucionario. De ahí que uno pueda concluir que el fenómeno -en este caso la educación- no cambió, pero que sí mutó la percepción del mismo.

Recordemos que el "pingüinazo" de 2009 instaló la idea que la educación nacional está en crisis y que es de mala calidad. Los movimientos del 2011 agregaron como problema anexo, el "lucro".

Todo esto demuestra, sin embargo, que la mayoría de lo chilenos no tienen las herramientas y/o el conocimiento técnico como para tener su propia percepción fundada respecto a la calidad de la educación que reciben actualmente nuestros niños. No por nada la ´opinión pública` cambió de opinión tan rápido.

¿Qué podemos decir al respecto? Una buena fuente de información la encontramos en la prueba PISA. Como sabemos, el "Program for International Student Assessment" (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) es un esfuerzo internacional dirigido por las naciones más avanzadas del mundo con el fin de recopilar información respecto a los aprendizajes efectivos en los niños de diversos países.

De acuerdo a los resultados de esta medición queda demostrado, una vez más, que Chile tiene la mejor educación de América Latina. Nuestro país queda como la segunda nación de habla hispana en el ranking, ocupando el lugar 43 entre 61 países (España ocupa el lugar 27) y muy por encima de países vecinos: Argentina aparece en el puesto 57 en lectura y Perú en el 61.

Otras cifras de Chile también son muy positivas: tenemos una cobertura escolar casi absoluta (se refiere a los cupos de las escuelas en relación a la cantidad de potenciales alumnos) y la matrícula en educación superior en relación al total de la población exhibe niveles similares a los de un país desarrollado.

En conclusión, está bien ser críticos y desear mejorar lo que tenemos, pero también es necesario tener claro lo que ya hemos logrado y que no es poco. El real desafío de ahora en adelante es crear las condiciones para dejar de ser ?cola de león-cabeza de ratón? y pasar a ocupar un lugar de liderazgo mundial en lo que a educación respecta.



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