EL Observador

19:22 hrs. Miércoles 08 de enero de 2014 Verónica Garay Moffat

La matriz del abuso sexual en depresiones resistentes

Sin duda, el apego desorganizado es un antecedente que suele repetirse en las depresiones muy resistentes. A menudo los noticieros nos conmueven mostrándonos la frialdad con que parecen actuar personas cercanas al abusado, la mayoría de las veces un padrastro, tío o hermano. Esto hace que el menor crezca guardando un secreto que si es develado puede producir la materialización de la amenaza del agresor, y aunque no fuera así, una secreta complicidad genera en el abusado un sentimiento de culpa que al llegar a la adultez le impide disfrutar de su vida de pareja.

La matriz de identidad se conforma entonces sobre la base de inseguridades, cuyo origen está en un episodio traumático asociado a algo que no se entiende en el momento, pero más adelante -al recibir la información del desarrollo sexual normal que ocurre habitualmente en la adolescencia- se devela lo que se tenía oculto por mucho tiempo.

Pocas veces los niños abusados denuncian el hecho y al callar la situación frente a sus padres, postergan el proceso de sanación. En otras ocasiones son silenciados por aquellos, debido al peso social y también económico que trae consigo una separación y pérdida de trabajo, como consecuencia de una eventual denuncia. Sin embargo, si ésta se realiza como corresponde, la sensación de victimización ya no es la misma, y se puede pasar a una fase de empoderamiento, gracias la contención recibida de la sociedad, con los derechos que otorga a los abusados. Es decir que para superar un trauma de este tipo, la persona tiene que pasar por un momento difícil de su vida, con sensaciones corporales "raras" que sólo puede comprender al crecer, y donde el terapeuta pacientemente debe actuar como contenedor, sin forzar en ningún momento tal proceso.

Lo que hoy atendemos como depresión severa resistente, es tratado frecuentemente desde la superficie del síntoma y anestesiando el dolor que produce con fármacos que si bien sirven en su momento, en otros son el instrumento para provocar intentos de suicidio si se carece de una red de apoyo familiar que supervise su administración. En estos casos lo que ayuda a sanar es la palabra, o mejor aún, poner en palabras lo que parece indecible. Y un abuso sexual cae en ese ámbito, del lenguaje y de la posibilidad de descifrarlo, como también leer el tono de voz, las pausas de la respiración, las exageraciones del gesto, la teatralidad en lo que se expresa, pero que a la vez se oculta.



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