EL Observador

12:04 hrs. Viernes 20 de diciembre de 2013 Ana María Miranda Martin

¿Por qué regalar un libro en Navidad?

Los días previos a dicha festividad se convierten, en esta sociedad consumista, en una verdadera carrera de cacería por conseguir los más curiosos y modernos regalos para un destinatario sea niño(a), adolescente, joven, adulto o anciano.

Es así, que después de pensar en cada uno de estos personajes, de obtener el objeto que nos parece indicado y desembolsar muchos billetes que la modernidad ha reemplazado por tarjetas plásticas, que solucionan cual varita mágica los más insólitos requerimientos, obteniendo la transitoria felicidad de quien recibe el presente y el insoslayable compromiso y preocupación que perseguirá por muchos meses al dueño de la tarjetita, convendría pensar, que en lugar de establecer verdaderas competencias por la adquisición de aquellos esplendorosos y sofisticados regalos, para nuestros seres queridos, sería plausible recurrir a entregar, como muestra de cariño y afecto, un libro. ¿Por qué? se dirán. El libro nos entrega elementos de reflexión con respecto a diferentes tópicos que nos alcanzan como seres humanos, que compartimos dentro de una sociedad. Al proporcionarnos diferentes miradas a problemas comunes, nos enseña otros modos de vida, culturas, esperanzas, sueños y metas. Nos introduce en el quehacer de otros seres humanos y en la directriz que imprimen a sus vidas. Además nos permite establecer paralelos entre lo que realmente vale la pena retener y lo efímero. Con la lectura aprendemos, discernimos, extraemos experiencias e imaginamos mundos; constituye por sí misma un magnífico ejercicio mental que incita el razonamiento, despertando nuestras propias opiniones, acción que contribuye a que nos sintamos más seguros y libres. Por consiguiente, cuando regalamos libros entregamos posturas ante la vida y despercudimos la pasividad de aquellas mentes que solo consumen imágenes televisivas y noticias envasadas, emplazándolas a imaginar, a crear las propias.

Recorrer las páginas de un libro abre la mente a mundos nuevos. Un niño que lee, conoce mucho más que aquel que no lo hace. Será por lo tanto más creativo, más maduro, responsable, reflexivo y de inteligencia despierta. Un adulto que lee, mantiene la dinámica de aprendizaje, diversifica el conocimiento de realidades de distinta naturaleza, conoce lo que está pasando a su alrededor y en consecuencia sabrá comprender de mejor forma el entorno que habita. Por todo ello, su mente permanecerá activa y su creatividad estará alerta.

¡Participemos de esta magia!, otorguemos a nuestros familiares y amigos la posibilidad infinita que nos entrega un libro adecuado. La comprensión de la lectura nos ayudará, sin duda, a definir mejor en qué mundo queremos vivir, a la vez que nos permitirá adquirir las herramientas participativas para expresar lo que queremos de él.



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