EL Observador

19:37 hrs. Viernes 22 de noviembre de 2013 Christian Velásquez Cabrera

María Graham y la ciudad de Quillota

María Graham fue una destacada escritora e ilustradora nacida en Escocia el año 1786. Su vida estuvo marcada por una serie de viajes que realizó alrededor del mundo.

Este carácter viajero surgió a partir de la profesión de su padre, un destacado oficial de Marina Inglesa, capitán de la Armada Real. A raíz de la actividad de su progenitor, vivió en distintas ciudades tales como Liverpool, Isla de Man y Edimburgo entre otros.

María se casó con un oficial de la Armada inglesa, que la llevaría a emprender viaje hasta las lejanas tierras de Sudamérica. En el trayecto del viaje, luego de haber pasado recientemente el Cabo de Hornos, el capitán Thomas Graham, esposo de María, muere trágicamente. A pesar de la lamentable muerte de su marido, María decide quedarse por un tiempo en Chile.

Dentro de las ciudades que más le llamaron la atención, está la ciudad de Quillota. En "Diario de mi residencia en Chile en 1822", después de ocurrido el terremoto del 19 de noviembre de ese mismo año comenta: "Por fin hemos tenido noticias auténticas de las ruinas de Quillota por medio de don Fausto del Hoyo, prisionero de Lord Cochrane. Desde que goza de libertad de residencia vive generalmente en Quillota y de vez en cuando en Quintero. Llama a Lord Cochrane el tío, tratamiento cariñoso que suelen dar los soldados a su jefe y los niños a los ancianos. Es hombre malicioso, pero de inteligencia mediocre, muy amante de España, su patria, y resuelto a no meterse más en guerras (...)".

"Refiere don Fausto que se encontraba con algunos amigos en la plaza de Quillota, tomando parte con el pueblo en las fiestas que se celebran en la víspera de la octava de San Martín, patrono de la ciudad. La plaza estaba llena de puestos y enramadas de arrayán y rosas, en que había jaranas, borracheras, bailes, música, máscaras, en suma una escena de disipación, o mejor dicho, de libertinaje. Sobrevino el terremoto, y todo cambió como por encanto. En lugar de las canciones y de los sonidos del rabel alzóse un grito de ¡Misericordia! ¡Misericordia!. Todos se golpeaban el pecho y se postraban en tierra. Tejiendo coronas de espinas, las ponían sobre sus cabezas y las oprimían hasta que la sangre corría por el rostro. Las flores de la fiesta yacían pisoteadas por tierra. Algunos corrieron a sus casas destruidas a salvar a sus hijos, olvidados en las horas de regocijo, y amorosamente recordados en las horas de peligro. Los sacerdotes oraban, retorciendo angustiosamente sus manos ante los destrozados altares, y el pueblo y las familias huían a los cerros. Tal fue la noche del 19 en Quillota".

"El amanecer del día 20 reveló una escena de espantosa desolación. De la gran ciudad sólo quedaban en pie 20 casas y una iglesia. Todos los hornos yacían en ruina y no había pan. El gobernador había huido. Sus pecados atrajeron sobre la ciudad el castigo del cielo. Así lo proclamaba el pueblo a gritos, y algunos llegaron hasta acusar al gobierno de Santiago, cuya tiranía había impulsado a Dios a la venganza".

Más allá de las terribles descripciones del terremoto de 1822 en la ciudad de Quillota, su relato describe costumbres y religiosidad de nuestra comuna. La ciudad es descrita como grande, seguramente en relación de las distintas villas colindantes. Las fiestas religiosas que había en aquella época mezclaban lo mundano con lo religioso. La jarana y la oración eran algo habitual de los habitantes.

Del relato de aquella época y en comparación a la nuestra, sólo queda la jarana, lo de la oración quedó en el olvido colectivo.



Portadas El Observador


 
 

Casa Matriz
La Concepción 277. Casilla 1 - D.
Quillota, V Región, Chile.