EL Observador

19:59 hrs. Lunes 11 de noviembre de 2013 Verónica Garay Moffat

El destape televisivo y lo reprimido en el trauma

En septiembre nos encontramos con imágenes en blanco y negro que nos recordaron lo vivido hace 40 años en Chile y esto pareció remecer a la población traumatizada, pero también a los jóvenes que sin haber sido tocados, pudieron ver la dureza de las imágenes que sobrepasaban cualquier reality de esos que filman ahora cualquier cabeza de pescado.

Es que no es lo mismo levantar la represión de lo inconsciente, durante un largo proceso de terapia individual, que hacer lo mismo a nivel colectivo, tras una exposición a lo que es reprobado desde una visión de los derechos humanos, a nivel público.

Lo que parece increíble es que a través de una documentación visual que responde a criterios de rating y producto-imagen, se haya logrado lo que se buscó durante muchos años. Tal vez esto sea sólo consecuencia de equilibrios perdidos que tarde o temprano hacen justicia, desde la búsqueda de mecanismos reparatorios, que hacen que lo inconsciente se libere.

Algunos podrían argumentar que la circularidad de la historia tiende a producir su repetición, ignorando que sólo se tiende a repetir lo que no ha sido aprendido, como si la historia humana se comportara del mismo modo en que lo hacen los terremotos o las historias individuales.

Si tarde o temprano no se produce el diálogo entre una generación y la que la antecede, ese lugar puede ser llenado por la imaginación o la especulación. Nada peor resulta de distorsionar la historia, puesto que la verdad se hace evidente en este mundo de imágenes y de globalización. Paralelamente a esta difusión de imágenes, se produce la necesidad de un construir un nuevo relato, pues cada vez que lo observado se cuenta, se construye una nueva percepción, que es grabada por el sistema nervioso, en un registro de memoria y sensorial.

Hoy existe preocupación por los derechos de los animales callejeros, pero poco se habla de los derechos de las personas. Tan necesario es tener una economía equitativa, como lo es contar con una sociedad donde se respeten los derechos humanos. Los medios podrían contribuir pasando de una exhibición de cápsulas televisivas, a programas de diálogo real intergeneracional, con tiempos para explayarse, sobre lo que cada uno quisiera contar. Las redes en internet parecen moverse a otra velocidad y los vínculos allí se eligen y no se imponen. Lo diverso pasa a reemplazar a lo monótono y uniforme. Entonces queda la interrogante ¿qué determinará en el futuro lo que se publica o no? ¿Seguirá siendo lo que vende o alguien tarde o temprano se dará cuenta? O como muchas veces dirá el refrán acerca del destape reciente: "Más vale tarde que nunca".



Portadas El Observador


 
 

Casa Matriz
La Concepción 277. Casilla 1 - D.
Quillota, V Región, Chile.