EL Observador

18:37 hrs. Viernes 25 de octubre de 2013 Paola Ríos Gozalvo

Eutanasia: criterios para un momento decisivo

Durante mi vida profesional he debido aplicar la eutanasia a muchos animalitos. Sin embargo y a pesar de que este procedimiento es una parte difícil de mi profesión, hay casos que me han impactado mucho por la carga emocional que conllevan. Recuerdo que hace unos cinco o seis años, una amiga falleció de cáncer y su perra -una labradora que yo le había regalado- dejó de comer durante 20 días y me la trajeron para ver si se podía hacer algo, pero ni hubo caso, estaba tan deprimida que fue necesario eutanasiarla para evitarle más sufrimiento. Fue mi primera eutanasia y la más dolorosa para mí.

De acuerdo a la legislación vigente, las mascotas son bienes inmuebles, por tal razón para llevar a cabo una eutanasia se requiere la autorización por escrito del dueño, o de quien lo solicite, en caso de tratarse de un animal callejero. De ninguna manera puede aplicarse la eutanasia en la vía pública.

Un procedimiento de eutanasia bien aplicado comprende la sedación del animal con anestesia y luego la aplicación de una sustancia denominada T-61, que causa un paro cardiorrespiratorio. La idea es evitar el sufrimiento, por ello se les duerme primero con la anestesia. El T-61 es un eutanásico recomendado por la Unión Europea y Estados Unidos para utilizar en perros, gatos, caballos y hasta cerdos, que garantiza una muerte digna e indolora al animal, a diferencia de la estricnina que produce dolorosas convulsiones.

Si bien una eutanasia aplicada como corresponde tiene un costo mayor, pues los insumos son más caros, se garantiza un proceso indoloro para el animal y la consiguiente tranquilidad para aquellos amos que procuran terminar el sufrimiento innecesario de sus mascotas.

Por otra parte, es preciso tener claro que este es un procedimiento que debe ser aplicado con criterio, buscando siempre el bien superior del animal, vale decir, evitarle el sufrimiento que puede estar experimentando a raíz de una enfermedad terminal o irreversible, o las lesiones causadas por un accidente. Sin embargo, hay personas que piden la eutanasia de sus mascotas sanas porque se van a cambiar de casa y no tienen espacio para ellas. En estos casos, la aplicación queda sujeta al criterio y la ética del profesional. También se considera como un procedimiento posible cuando se trata de perros que atacan a personas reiteradamente. En este caso las municipalidades pueden adoptar esta medida a solicitud de la Autoridad Sanitaria, aunque en algunos casos el comportamiento agresivo puede revertirse, pero requiere paciencia y entrenamiento del animal.

Determinar el fin de un ser vivo -y aplicarlo- no es una decisión fácil para nadie, pero si si se requiere debe tenerse presente siempre el concepto implícito en la etimología de la palabra Eutanasia, que proviene del latín "Eu" (buen) y del griego "Thanatos" (muerte). Brindar una buena muerte es la actitud humanitaria que corresponde a una sociedad compasiva con sus animales.



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