EL Observador

16:38 hrs. Viernes 25 de octubre de 2013 Gabriel Abarca Armijo

Una canción que perdió vigencia

Una de las más famosas canciones chilenas dice, "y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero", frase que al parecer, hoy por hoy ha perdido su vigencia.
Nuestro país fue construido por el sincretismo cultural entre los españoles y los aborígenes y un sinnúmero de elementos fueron dando vida a nuestra idiosincrasia. Somos un pueblo mestizo, al igual que el resto de Latinoamérica, pero rechazamos y discriminamos a quien no sea rubio ni de ojos azules y no hable un idioma foráneo, sobre todo si es nuestro vecino.

El reclamo se sustenta en que los extranjeros vienen a delinquir, a prostituirse o a usurpar el trabajo a los chilenos, el que muchas veces los mismos nacionales se niegan a hacer. Pero no es justo que aquellas personas que dejaron su país y su familia para buscar una vida mejor, sean estigmatizadas solo por tener un color de piel distinto u otro acento en su hablar.

En la Provincia de Petorca la realidad es variada, ya que ha aumentado el número de extranjeros, los que en su mayoría buscan regularizar su situación para trabajar. Similar situación ocurre en las provincias de San Felipe y Los Andes. Por su parte, en Villa Alemana y Quilpué la presencia de inmigrantes no es tan notoria, aunque en el último tiempo comerciantes orientales han comenzado a llegar a la ciudad.

A diferencia de lo anterior, en Quillota han aparecido carteles pegados en los frontis de establecimientos de extranjeros -chinos principalmente- llamando a regularizar la situación de los inmigrantes y a legislar sobre el ingreso de extranjeros. Es curioso que en Quillota y La Calera, que han crecido con inmigrantes españoles, italianos y palestinos entre sus vecinos, se estén viviendo situaciones como éstas, a lo que se agrega el asesinato de un colombiano en la cárcel quillotana la semana pasada. Cabe preguntarse si fue un acto de xenofobia.

Quiero cerrar con las palabras de la cantante nacional Anita Tijoux sobre la supuesta vinculación entre delincuencia e inmigrantes: "La delincuencia no tiene color y no tiene país. Los verdaderos delincuentes usan terno y corbata, sonríen sin piedad robando amablemente de nuestros platos, de nuestra educación y de nuestros recursos. Ellos no tienen pudor en crear viviendas de cajitas de fósforos, en condonar sus robos de impuestos, en pedir préstamos exuberantes para campañas, en crear jornadas de trabajo agotadoras, en usurpar los recursos del mar y la tierra o vender semillas".

No miremos en menos a nuestro hermano, no conocemos su historia y no sabemos qué lo trajo a nuestra tierra. Como dijo Jesús: "No juzguéis, para que no seáis juzgados".



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