EL Observador

17:00 hrs. Jueves 10 de octubre de 2013 Andrés Gonzalez Valencia

Hospital de Villa Alemana, la herencia de Juana Ross de Edwards

Muchos hospitales actualmente vigentes tuvieron sus inicios como sanatorios u hospitales de tuberculosos durante la segunda mitad del siglo XIX. Así ocurre en el caso del hospital de Villa Alemana, situado en el distrito de Peñablanca, al lado norte de la línea férrea.

La obra se atribuye a doña Juana Ross de Edwards, quien es considerada una de las mujeres más importantes de la historia local y nacional, pues no tan solo fue la gran mentora de muchas iniciativas de caridad, sino también la fundadora de una gran cantidad de organizaciones de servicio público.

Para la década de 1880, no existía en Chile ningún centro de atención especializado para combatir los estragos que la tuberculosis estaba provocando en la sociedad chilena; cientos de compatriotas morían diariamente en completo desamparo de las autoridades y de la sociedad.

En este contexto histórico, la tragedia azota a la familia Edwards-Ross, pues en 1889 Arturo Maximiliano Edwards Ross, uno de los hijos de doña Juana, muere tras padecer de un grave cuadro de tuberculosis. Ante la impotencia, y la cercanía de aquel trágico deceso, decidió enérgicamente buscar una solución definitiva a esta importante carencia.

Actualmente, la historia de la medicina chilena la reconoce como la precursora en la lucha contra la tuberculosis, pues tras este fatídico suceso, construyó, dotó y mantuvo los primeros centros asistenciales contra la tuberculosis del país; hablamos de los Sanatorios de Santa Rosa de Los Andes y Peñablanca, así como el Dispensario de Tuberculosos de Valparaíso.

La historia del Sanatorio de Peñablanca, comienza en 1911, cuando doña Juana Ross dona los terrenos ubicados en el costado norte de la línea férrea, metros antes de la estación de Peñablanca.

Las obras fueron supervisadas por el doctor Enrique Deformes Villegas y financiadas en su totalidad por doña Juana Ross. Para el año 1912, se funda oficialmente el Hospital de Antituberculosos de Peñablanca.

Terminada la obra, doña Juana Ross dona el hospital a la llamada Junta de Beneficencia, organización sin fines de lucro que administró la mayoría de hospitales para tuberculosos del país.

En un comienzo, la construcción estaba destinada al asilo de "Incurables"; pero la Junta de Beneficencia, considerando las excelentes condiciones climáticas del Valle del Marga - Marga y apoyados por el propio administrador don Carlos Edwards, acordó destinarlo a Sanatorio de Tuberculosos Curables.



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