EL Observador

20:46 hrs. Viernes 04 de octubre de 2013 Annabella Brüning Lalut

¿Agricultura orgánica o producción industrial?

Potenciar al país como natural, sano, orgánico, enfatizando el turismo como importante fuente de divisas, eliminando, ahora que aún es tiempo, toda producción transgénica y sus tristes asociados, los agrotóxicos, privilegiando calidad sobre la cantidad, sabor sobre buena presentación, constituye una buena propuesta.

¿Para qué importamos tantos alimentos, si tenemos tierras cultivables suficientes para sembrar o plantar lo que necesitamos? Y al mismo tiempo estamos exportando otros productos agrícolas. ¿Qué ganamos los chilenos comunes y corrientes con esas políticas?

Lo que creo saber es que esas "maravillosas" frutas de exportación no llegan a nuestras mesas y las ganancias que ellas producen tampoco. Por otro lado importamos arroz, maíz, soya, aceite, harina y otros alimentos de primera necesidad, con la excusa de que son más baratos, pero no nos cuentan que muchos de ellos son transgénicos, contienen pesticidas y químicos de envenenamiento lento que a la larga nos resultan más caros por el gasto adicional en médicos y medicamentos. Además, si se han dado cuenta, no tienen el mismo sabor original. Tampoco nos consta dónde y cuándo fueron cultivados y cosechados.

Para la mayoría de las personas es reconfortante, delicioso y agradable consumir alimentos de granja, recientemente cosechados, con olor a campo. A campo, no a empresa agrícola. Marca una gran diferencia comer una lechuga recién recogida, un huevo de tu gallinero, un plato de legumbres cosechadas en un campo cercano. Vi, en el supermercado un paquete de lentejas muy bonitas, parejas en el color y forma y quise saber su procedencia, en letras muy pequeñitas leí: producto de Canadá. ¡De Canadá, al extremo del hemisferio Norte! ¡Tremendo viaje para llegar a las ollas chilenas cuando acá la tierra es buenísima para las legumbres!

¿Quién gana con todo esto? No lo sé a ciencia cierta, pero sé qué perdemos: salud, calidad de vida, perdemos a nuestros verdaderos agricultores, perdemos soberanía, autonomía, identidad y para qué seguir con la enumeración.

Si nos dedicáramos a producir alimentación orgánica, dado su alto valor y precio hoy en día, con muchas menos hectáreas cultivadas podríamos generar mayores ganancias, nos desharíamos de los atroces problemas de salud que enfrentan los trabajadores del sector agrícola a corto plazo y de la mala salud de la población a largo plazo.

Si disminuyéramos los monocultivos no se haría necesaria la cantidad de químicos para controlar las plagas, pues se restauraría el control biológico.

Tenemos la posibilidad de ser un país modelo en sustentabilidad, no permitamos que los gobernantes y sus mezquinos intereses destruyan nuestras vidas, como ciudadanos conscientes exijamos nuestro derecho a decidir qué comer y qué Chile queremos para vivir.



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