EL Observador

19:53 hrs. Lunes 30 de septiembre de 2013 Gustavo Boldrini Pardo

Fresias de septiembre

Alguien dijo que este año las fresias no habían perfumado. No sé qué pensaron los demás, pero yo me quedé perplejo. Como esta primavera no salimos al campo a ver la floración silvestre, estuve atento a mis propias plantas y sus flores de septiembre.

Ya a fines de agosto olí con deleite los narcisos y los lirios. Me hinqué un montón de veces a oler las fresias. Algo me pareció raro. La expectativa de que su aroma me evocaría de inmediato y con fuerza la casa en el campo y el septiembre quillotano se disiparon. Olían poco, y de inmediato pensé que así habrían olido siempre y que yo magnificaba el pasado y sus fragancias.

Pero no. En la sobremesa, Francisca Ruiz dijo: "Este año, las fresias no perfumaron?. ?Perfumaron poquito", corroboró Soledad.

Así se armó la conversación. Un tema casi surrealista; situaciones en que la cercanía a las plantas, la afición a ellas, las indica como educadoras y compañeras vitales de las emociones humanas.

¿Será porque estamos en este mes, que otro de los comensales recordó que el 11 de septiembre de 1973 lloraron las parras? "¡En los viñedos de Melosita, también", afirmó Rodrigo. Claro, quién lo va a poner en duda.

En una crónica conté que me tocó conocer al último manzano que hubo en Manzanar. Estaba a la orilla del riel, al frente de la escuela y producía una pena atroz mirarlo: zaherido, casi sin hojas, la corteza descascarándose... ¿Habrá muerto porque el tren dejó de correr?

Otro arbolito que se aferra al ser humano, a lo doméstico, es el papayo casero. Hay que plantarlo al lado de un muro, cuidar que no le den corrientes de aire, hablarle, taparlo de las heladas con un saquito...

Cuando la Phitósfera ataca al palto, este pierde el verdor de sus hojas las que, además, se ponen mustias; entonces se habla de la "tristeza de los paltos", que es también el título de una crónica del Poeta Innombrable cuando pensó que esos árboles se terminaban sobre la faz de la tierra.

Larga sobremesa de septiembre. El álamo huacho, el sauce llorón, el juvenil maitén...

"¡Que las rosas den lo que quieran!", era el furioso grito de la Teresita Arce cuando expulsaba al podador de su jardín.

"¡Ese damasco es veleidoso!", decía una señora cuando el frutal producía un año sí y otro no.

En fin, una primaveral conversación después del asado.

Más allá de la mesa, fresias moradas y blancas, aromando poquito, como intentando decir algo.



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