EL Observador

12:53 hrs. Martes 17 de septiembre de 2013 Rodolfo Jiménez Ramírez

La razón de mi alegría

Hoy puede ser el último día de tu vida. Sí, tal como lees. No quiero parecer pesimista, al contrario, soy optimista por naturaleza o quizás por vocación y por lo mismo, la mejor manera de mantener esa condición día a día es saber que hoy puede ser el último día de mi vida.

El famoso conferencista español Emilio Duró es el principal precursor de esta frase, muy sencilla, pero a la vez impactantemente cierta, y es que en el caso que supieras que hoy es el último día de tu vida ¿Qué harías con él?

La respuesta más probable es que dedicarías tus energías sólo a cosas que valen la pena, por lo que el ejercicio es realmente práctico.

¿Sabes por qué te levantas cada mañana? ¿Hoy has hecho las cosas que esperas hacer el último día de tu vida? Si la respuesta es negativa, llegó el momento de tomar el control de tu existencia y dar un giro a tu destino.

La actitud positiva emerge de manera automática si asumimos este mensaje, y es obvio, ya que si tan sólo nos quedaran unas pocas horas en este mundo, se clarificarían nuestras prioridades, aprovecharíamos el tiempo en un trabajo que nos apasione, reiríamos más, tendríamos (como decía Borges) más problemas reales y menos imaginarios. Si entendiéramos así la vida, los miedos se disiparían, estudiarías la carrera que quieres o te dedicarías a tu vocación, cualquiera sea ésta, te acercarías a esa persona que te gusta hace tanto tiempo y que ni siquiera ha notado tu atención, escribirías los poemas que nunca te atreviste, les dirías a tus seres queridos lo mucho que los amas, ocuparías tus mejores ropas, escucharías muchas veces tu canción favorita, emprenderías ese proyecto que tanto sueñas, viajarías mucho más, leerías ese libro postergado en tu repisa, conocerías a más gente, bailarías sin vergüenza o pudor, te sacrificarías por ser el mejor en clases (nadie quiere terminar su último día con un examen reprobado o algo así), no te desgastarías en la gente pesimista o negativa, que ve la vida gris y carente de oportunidades, no dejarías que la inercia y la rutina se apoderaran de tu tiempo, no gastarías ni un instante de tu tiempo en criticar a los demás.

Si hoy fuera el último día de tu vida, perdonarías con todo el corazón y ya no habría rencor en tu alma, te darías una nueva oportunidad para salir adelante, para ganarle al destino, si supieras que ya te quedan pocas horas no estarías triste, estarías haciendo algo que vale la pena, estarías luchando por tus sueños, abrazarías a la persona que amas, mirarías el cielo y seguramente contemplarías el atardecer de otra forma.

Y es que lo importante en nuestro paso por la Tierra, no son las cosas que logramos o poseemos, lo realmente trascendente es aquello que estás dispuesto a hacer, aquello por lo que estás dispuesto a luchar, lo que quieres entregarle al mundo, justo en ese momento que te alejas para siempre de él. Hoy puede ser el último día de tu vida. ¡Aprovéchalo!



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