EL Observador

12:12 hrs. Lunes 26 de agosto de 2013 Hugo Quilodrán Jiménez

El Chagual, un testigo silente

Agosto es el mes en que hacemos memoria sobre los sangrientos hechos de la Guerra Civil de 1891. En este contexto, si recordamos las acciones acaecidas en menos de 50 km a la redonda de nuestra ciudad, encontramos un factor común: todas se desarrollan en parajes típicos del Chile central, entre el valle y la cordillera de la costa. El ambiente propicio para una especie botánica única y autóctona, el Chagual.

En esta época del año, sus brotes están verdes y su tallo central erguido en espera de la metamorfosis de la inflorescencia que se produce en septiembre. Fue en este estado, en el apogeo de su existencia, que tuvo que presenciar desde una ubicación privilegiada tanto desembarcos, como batallas y bombardeos.

Quizás en esos momentos de tensa espera en una trinchera natural, un soldado le comentó a otro: "¡Cuidado, que esa planta es la come ovejas!". Aunque en estricto rigor, no es una planta carnívora, ha evolucionado de manera tal, que la conformación y distribución de sus espinas impiden a un animal como la oveja, que se acerca inocentemente a tratar de comer su tierno palmito interior, pueda escapar una vez que queda enredado en él. En un corto plazo, sin alimentos, ni agua, el incauto animal termina por perecer y convertirse en un rico nutriente.

Del Chagual poco sabemos. Aunque conocemos sus distintas facetas, pocas veces las asociamos al mismo vegetal. Algunas veces lo vemos ennegrecido con el hollín, las otras esbelto luciendo un extenso tallo y las menos florecido, debido a que requiere más de veinte años para lograrlo.

Al igual que las causas de una guerra civil y los motivos que pueden llevar a dos hermanos a matarse entre sí, no existen estudios concretos que expliquen el fenómeno de la combustión espontánea de la cual es víctima el Chagual y que el ciudadano ilustre de Quilpué, profesor Otto Zoellner, aseguraba haber visto personalmente en La Campana.

Esta planta, también conocida como Puya, es el hogar de un singular insecto que, para variar, está en peligro de extinción, la "Mariposa del Chagual".

En el pasado reciente, hubo intentos por utilizar las cualidades propias de sus escapos, pero la incipiente industria basada en esta fibra natural no tuvo éxito.

A priori, las dos formas de protegerlo son: impidiendo las plantaciones de paltos en laderas, donde se ha mermado su población drásticamente y enseñando a las nuevas generaciones su existencia y particulares características.

Han pasado 122 años de los irrepetibles hechos y el Chagual se mantiene inmutable. La historia lo recordará como el testigo silente de las acciones bélicas decisivas en la Guerra Civil de 1891 y aunque él sabe que tiene los días contados, se niega a develar sus dos más grandes secretos: su versión de los hechos y el origen de su autocombustión.



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