EL Observador

14:07 hrs. Miércoles 21 de agosto de 2013 Rodrigo Saavedra Pérez

Mi amigo "Camello"

Recuerdo el pasado como si fuera ayer, cuando los calurosos veranos en compañía de mi madre recorríamos al igual que muchos los diversos potreros cortando porotos, habas y arvejas. Y cada domingo con mi padre como un ritual sagrado acudíamos al cerro en busca de la preciada leña que debía durar una semana. Eran tiempos en que tener una cocina no era de fácil acceso.

Aunque la mayoría de las calles de San Pedro eran polvorientas, tenía algunas pavimentadas y para entonces quien mantenía limpios estos retazos de cemento era nada menos que mi gran amigo "Camello". Acompañado de la escoba y su carro de metal verde recorría este lugar donde a ratos se detenía algunos minutos para intercambiar algunas palabras con los vecinos.

Por las tardes era posible toparnos en los potreros del entorno ya que teníamos que cumplir la misma misión, llevar pasto a los conejos que eran criados por un porcentaje interesante de pobladores. De ahí nació nuestra amistad, aunque él era mayor, su simpatía y su caballerosidad se agradeció siempre, su padres habían muerto trágicamente en un accidente ferroviario luego que una máquina arrollara el auto en que viajaban, solo quedó su hermano que actualmente se encuentra en un asilo, pero de forma esporádica se le ve por las calles de Quillota.

Julio -como se llamaba este personaje- nos dijo un día que tendría que irse del pueblo aunque él no quería hacerlo, su destino sería la isla de Juan Fernández, desde ese día en que desapareció de nuestra localidad siempre le recordé y muchas veces dudé de cuál había sido su destino realmente. Con los años me enteré que había fallecido, estuve preparando la manera de viajar a ese lugar remoto, para saber qué había sucedido realmente, ya que se decía que lo habían matado, pero como la isla sufrió los embates de la naturaleza de manera severa no concreté dicha travesía. Sin embargo a principios del año actual entre conversaciones sobre la vida de este personaje alguien dijo "¡yo tengo una carta que Julio me envió desde la isla!", fue muy emocionante saber que él, aun lejos de su gente, pudo comunicarse.

La carta, fechada por el sello postal es del 14 de agosto de 1988, y dice lo siguiente; "Señorita Yasna Bravo: estimada amiga colega, te saluda Julio Díaz Herrera. ¿Cómo están tu mamá Lila y mi tía Tila, la nena, Joanna y tú? Amiga te pido un favor, ¿cómo está mi casa donde yo nací?, ¿está como antes o está cambiada?, ¿cómo está la gente del pueblo? Yo estoy trabajando en la municipalidad de la isla. Dale muchos saludos a tu vecino René Pérez. Yo estuve llorando una semana. De mi casa manda saludos especiales a la gente que te rodea. Espero respuesta isla Rovizon Cruzoe (sic). Atte. Julio Díaz H".

Lo anterior a modo de homenaje a quien, desde la distancia y tal como lo relata, no solo lloró por su pueblo, sino que lo mantuvo en su corazón. A Julio con cariño.



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