EL Observador

19:44 hrs. Miércoles 14 de agosto de 2013 Alfredo Fernández Piraíno

Tolerando la intolerancia

Alfredo Fernández Piraíno / Profesor de Historia

A 50 años del Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica conmemora el Año de la Fe. Al mismo tiempo, nuestro país recordará pronto los cuarenta años del Golpe de Estado. Interesantes fechas que llaman a la reflexión.

Hace unos pocos días la Catedral de Santiago fue testigo de un episodio que probablemente nunca antes se había visto en Chile. El hecho fue profusamente mostrado por los canales de televisión y llenó portadas. Un asunto lejano, dirá usted; problema de la gran metrópoli ajeno a nuestra realidad local, repetirá alguien. No estoy tan seguro de ello.

¿Qué relación guardan entre sí todos estos hechos? Primero digamos que algo pasa en Chile hoy. Quizás no de forma masiva y evidente, pero algo hay en ciertos círculos alternativos. Pareciera surgir una subcultura ?anti? que asoma su cabeza en medio de la multitud. Por estos días ha sido anticlerical y la fuerza de su posición ha empujado a un puñado de personas a destruir cuanto encontraron a su paso en la citada catedral.

Y no estamos ajenos a esta tendencia. En nuestras ciudades los muros ´hablan´. Aunque las más de las veces no dicen nada inteligente, en ocasiones expresan fuertes mensajes ´anti´, incluso antirreligiosos.

Lo preocupante de todo esto, es que pareciera ser que estos ´anti´ son más ´creyentes´ que los propios sujetos de sus críticas. Carlos Peña, destacado rector de universidad, los catalogaba así: personas ´creyentes´ en el sentido que consideran sus ideas como LA "verdad", ya no revelada por un profeta o mesías, sino por un intelectual o teoría social. Verdad propia que debe imponerse a los demás, a la fuerza si es necesario, ya que nosotros -los no creyentes de sus ideas- vivimos en el error de la ignorancia de esa "verdad".

Está de más decir que esta posición refleja un desquiciamiento y una expresión de intolerancia que la Historia ha visto antes. Y ello es muy peligroso. Porque justamente lo que hay detrás del Golpe de Estado de 1973 es exactamente lo mismo que describimos, pero a escala mucho mayor: gente que asume su posición como la verdad única e indiscutible.

Es la intolerancia que hay que tolerar con la fuerza de las ideas y del diálogo. Porque si usted es persona de fe (y no un simple ´creyente´) sabe que esa es la actitud correcta. La verdad se impone por sí misma y sin necesidad de violencia.

Ojalá que en lo que queda de año y en momentos en que se recuerdan momentos dolorosos de nuestra historia, sepamos enfrentar sabiamente estas expresiones de intolerancia ´anti´ y fanatismo. Porque como decía Diderot, "del fanatismo a la barbarie sólo media un paso".



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