EL Observador

19:31 hrs. Lunes 12 de agosto de 2013 Cristián Vila Riquelme

El verdadero debate

Cristián Vila Riquelme / Escritor y Doctor en Filosofía de La Sorbona

El verdadero debate sobre la educación en Chile todavía está pendiente. Se habla mucho sobre el fin del lucro (lo que está muy bien) pero se olvida el resto, porque hablar de una educación de calidad es casi un eufemismo si no se fijan los parámetros y se establecen los objetivos de dicha tarea. Alguna vez dije por ahí que la crisis de la universidad había comenzado con el fin de las Escuelas de Artes y Oficios, de las Escuelas Industriales o Técnicas y de la Escuela Normal Superior Abelardo Núñez. Y que más encima, incluso en la izquierda, habíamos contribuido a alimentar el mito del status universitario con la consigna de los 60´: "Universidad para todos" (si alguien no quedaba en una universidad sino que en una escuela técnica, para la mayor parte de la población el status bajaba, y la inteligencia también, por supuesto). Hoy se habla de "educación superior", cuando en realidad, si vamos al concepto mismo de lo que es universidad (Universitas), pero en nuestras nuevas realidades, esta sería una educación terciaria. Pues la educación debe organizarse, realmente, en educación primaria, secundaria, terciaria y especializada. Pero con el surgimiento, como callampas, de las universidades privadas durante la dictadura, y la "transformación" de los institutos profesionales en partes de ellas o a parte entera, tenemos el cuadro completo. Hasta el general Mendoza tuvo su universidad.

Ahora bien, ¿qué es una educación de calidad? Ciertamente, no la que hay hoy día, en que se han eliminado ramos como artes plásticas, música, filosofía, otros idiomas que no sean el inglés y se han disminuido las horas de historia (salvo las excepciones de siempre, claro). Parece que lo que queremos son seres robóticos que sepan sólo las cuatro operaciones aritméticas, sapiencia necesaria para endeudarse, consumir y pagar cuentas en el mundo contemporáneo. Vengo de una generación que se educó con profesores normalistas y, en mi caso, como estudié en el Manuel de Salas, liceo experimental perteneciente a la Universidad de Chile, muchos de los egresados de ésta hacían su práctica en el liceo. Puede, dicha educación, haber tenido muchas falencias, pero grosso modo, era una educación de excelencia. Porque sabido es que, hoy, quienes egresan de la educación secundaria no saben leer, no saben hablar ni saben redactar, salvo las contadas excepciones de los que tienen padres con biblioteca y con otros intereses que solo ganar dinero.

Ni los candidatos a senadores o diputados o a la presidencia del país ni el gobierno han instalado en sus agendas el verdadero debate. A nosotros, ciudadanos, no votantes o indignados, nos corresponde obligarlos a que lo hagan.



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