EL Observador

18:07 hrs. Viernes 02 de agosto de 2013 Eduardo Osorio

El profeta del Apocalipsis

Crecí con un miedo pánico a los sismos, de cualquier grado y en plena época de las citronetas y los wurlitzers. Sufría aún más cuando eran terremotos y venían seguidos de despachos radiales provenientes de Villa Alemana y en madrugadas tétricas, pues en ese tiempo se acuñaba que éstos ocurrían de noche para mayor pánico de la población.

Pero es que así ocurría y hay estadísticas para demostrarlo. Sin embargo había otra componente, cuando esa voz gangosa, pero con carácter, ponía la lápida a la información, anunciando precisiones como: "El epicentro se ubicó frente a Papudo y a tantos metros de profundidad...". Melania, nuestra abuela paterna, nos decía en medio del terror a las réplicas: "Ése que escuchan es mi primo Carlos Muñoz Ferrada".

No sé si era el orgullo familiar o la ufanaba la explicación científica y exacta del que no se equivocaba jamás. En verdad, el pariente de mi abuela era un verdadero profeta del apocalipsis, como lo bauticé cuando escribí sobre sus aciertos sismológicos en el Instituto Nacional de mi vida escolar.

Marino mercante, autodidacta y un anacoreta para la opinión pública, que por antonomasia lo asociaba a derrumbes, destrucción y miedo en el país más temblador de la tierra, Carlos Muñoz, una especie de tío abuelo mío, me caló hondo desde que tuve uso de razón y hasta caí en el chauvinismo ante mis semejantes, apelando al parentesco.

Quiso Dios que ya siendo periodista y conduciendo un programa en la "Radio Agricultura" de Valparaíso, nos "visitara" un temblor, como de grado 5, escala de Richter y de noche por cierto, que hizo crujir el estudio y la región entera, por lo cual el radiocontrolador de turno -sin yo saberlo- contactó telefónicamente a Carlos Muñoz Ferrada y lo "lanzó al aire", para que interactuáramos respecto del "movimiento". Entonces, y por espacio de dos minutos, el sismólogo, autodidacta -ya lo dije- nos volvió a dejar literalmente atónitos ante su cúmulo de saber, advirtiéndonos que la situación la había pronosticado semanas antes, debido a la tensión de la fractura terráquea en la zona del epicentro.

Dicho esto no aceptó preguntas y se despidió con un silencio hasta enigmático, que si no fuera por su autoridad en la materia le habría valido la animadversión de los auditores, pero advertí que acá ya se habían acostumbrado al que sin rodeos dice lo que tiene que decir, nada más.

Del parentesco, yo no dije nada, hasta ahora.

Bueno, tal como en los epílogos de muchos libros de mis colegas escritores, parafrasearía el título, para finalizar esta nota con la frase: "Carlos Muñoz Ferrada, el profeta de la familia".



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