EL Observador

Provincia Quillota

16:00 hrs. Martes 26 de junio de 2012 Actualidad

Con un largo aplauso cientos de caleranos dieron un emotivo adiós a Nelson Schwenke Porflit

Trovador y poeta de "Schwenke y Nilo" -uno de los grupos claves del Canto Nuevo- había sido atropellado el jueves en Santiago. Su familia respetó decisión de donar sus órganos. Iglesia San José estuvo repleta en la despedida del cantautor, que vivió 28 años en la ciudad

Con un largo aplauso -de varios minutos- los caleranos despidieron ayer, en su misa fúnebre en la Parroquia San José, a Nelson Schwenke Porflit. No fue una manifestación gratuita. El cantautor se había ganado el cariño de la comunidad con su talento, su vitalidad, su valentía y su consecuencia. Además, aunque sus canciones hablaban de la lluvia, de los ríos, de las selvas del sur del país, su contenido es universal y dejó su sello en más de una generación.

Aunque se le considera valdiviano, Nelson Schwenke nació realmente en Ancud y vivió allí sus primeros años de vida. Luego, su familia partió a La Unión que fue el gran escenario de su niñez. Recién a los 12 años los Schwenke-Porflit se radicaron en Valdivia. Allí ingresó a estudiar Antropología a la Universidad Austral, actividad que ejerció por un tiempo, pero su opción vocacional fue el canto.

Sobre aquella época, el poeta Clemente Riedemann -autor de muchos temas del grupo- recordaba ayer frente a la iglesia donde estaba el féretro de su amigo en La Calera que "nos conocimos cuando ya estaba con Marcelo Nilo y participaban del Festival ´Jesucristo, una Canción´ del Instituto Salesiano de Valdivia. Era un tema, con una visión ética y estética distinta, donde mostraban un Cristo asentado en la contemporaneidad. Desde allí, más de 30 años, hemos trabajado juntos".

SU HISTORIA DE AMOR

Es a fines de los años 70, cuando la educadora diferencial calerana Franca Monteverde llegó a Valdivia. "Me fui -recordaba ayer- a hacer clases, durante dos años, a la Universidad Austral. Nos conocimos, en 1979, porque teníamos muchos amigos en común. El trabajaba en el Museo de Valdivia y para la Nacional Geographic en una excavación en un sitio arqueológico donde encontraron la faenación de un mastodonte. El sitio se llamaba Monteverde, como mi apellido".

El nombre del sitio arqueológico sirvió para muchas anécdotas del matrimonio, pues Nelson Schwenke y Franca Monteverde se casaron. "Fue una relación muy rápida -dice ella mientras recibía ayer decenas de condolencias- pololeamos unos ocho meses y nos casamos en 1980. La ceremonia se hizo en la Parroquia de Charravata y la fiesta del casamiento en la Poza Cristalina de La Cruz. Después tuvimos que partir a Europa. La situación era muy compleja para él en Valdivia, pues lo buscaba la DINA, por los temas que cantaba con Marcelo".

El joven matrimonio exiliado estuvo en Italia, pero se radicó en Alemania. "Estuvimos -agrega Franca Monteverde- alrededor de dos años en Europa y cuando volvimos los hicimos a La Calera. Vivimos 28 años en La Calera". Nelson Schwenke se hizo cargo de la administración de la Ferretería Monteverde y Currotto -en Carrera y Huici-, que fuera el antiguo Emporio Popular, una antigua propiedad de Dante Curotto y Giovanni Monteverde.

En La Calera nacieron los hijos del matrimonio Schwenke-Monteverde: Lucas, de 27 años; Simón, de 25; y Tomás, de 21. Aunque ejercía, nominalmente, como administrador de la Ferretería, era común encontrar a Nelson Schwenke en el mostrador, dando a conocer las características o bondades de algún producto. Clemente Riedemman -quien vino muchas veces a La Calera- dice que "nunca le ví una pose de artista o de andar contando que cantaba. Creo que muchos caleranos no sabían realmente lo importante que él era para el canto y la poesía chilena".

"SCHWENKE Y NILO" Y LOS CALERANOS

Entretanto, a puros bríos y en escenarios alternativos, "Schwenke Y Nilo" se había hecho un lugar en el corazón de la gente. Sus canciones se inspiraban en la poesía, la tradición de la canción social chilena y su inquietud por la injusticia y desigualdad que se vivía en el país durante la dictadura militar. El dúo se convirtió en una de las representaciones más importantes del Canto Nuevo popular, convirtiéndose en auténticos clásicos de los circuitos de oposición al régimen de Pinochet.

Ya había adquirido su condición de calerano y apuntaba al aspecto geográfico y emocional de la ciudad. "Es un punto estratégico para desarrollar la carrera artística. Está cerca de Santiago y Valparaíso que son dos puntos de convergencia cultural muy importantes. Por eso, aparte de las razones familiares y obviamente emocionales, eché raíces acá, porque además de la estabilidad de la difusión de mi trabajo, encontré estabilidad en lo económico", explicó en una entrevista a "El Observador".

También, Nelson Schwenke opinaba de sus nuevos coterráneos: "La gente de aquí es amigable, no es hosca, no es amarga. Hay diversión. El problema es que esta ciudad en términos culturales, que es lo que a mí más me interesa, sigue siendo la misma de hace 20 años atrás. No hay difusión ni apoyo de parte de las autoridades".

Incluso ponía en el tapete un tema que está actualmente muy vigente en la ciudad. "El Centro Cultural es la gran esperanza para la cultura calerana, por eso espero que ese lugar se ocupe bien y que no se ponga selectivo; es decir, que no sea para los amigos de los amigos; que se le dé prioridad a la gente de afuera o que no se permitan que bandas toquen porque se piensa que pueden destruir el recinto. Eso yo lo he escuchado en otras partes y le pone un freno a los artistas".

LA MUERTE: UNA VIEJA CONOCIDA

Como calerano, Nelson Schwenke enfrentó también un cáncer que lo tuvo a mal traer. Sin embargo, lo asumió con una entereza increíble y sin dejar de cantar. Ayer, sus amigos músicos recordaban cuando subía a los escenarios, calvo por las quimioterapias o con su cabeza cubierta con un pañuelo. En noviembre de 2008, mientras ensayaba en Santiago para una presentación, sufrió también un infarto en el corazón que igual lo dejó mal.

"Había llegado -recordaba en "El Observador"- de una gira a Suecia. Estaba con mucha actividad, que había quedado pendiente a raíz del viaje. Ese día fui a Santiago a hacer unos trámites, relacionados con la música. Cuando viajaba en el Metro sentí que algo raro me estaba ocurriendo. Felizmente, tuve la suerte de encontrarme cerca de un establecimiento hospitalario. Fue una suerte. Quedé con algunas secuelas y el corazón un poco dañado. En ningún caso me sentí cerca la muerte, a pesar que los médicos me dijeron que fue bastante fulminante.

Sin embargo, la muerte -una vieja compañera- volvió a encontrarse con Nelson Schwenke, cerca de las 19 horas del jueves, en la esquina de Ricardo Lyon con Francisco Bilbao, Providencia. El artista, que recién había llegado de una gira a Europa, fue atropellado por un automóvil que conducía una mujer. Esta vez, no tendría una nueva oportunidad. En la mañana del viernes, los médicos decretaron su muerte cerebral y los familiares decidieron respetar su decisión y donar sus órganos.

En la noche del sábado regresó a la ciudad que lo acogió por 28 años. Los jóvenes de la ciudad habían hecho una `Velatón´, en el frontis de la Ferretería, mientras esperaban su llegada. A las 14 horas de ayer, con la Iglesia San José desbordada y hasta con la plaza adjunta llena en gran parte, los caleranos lo despidieron para siempre, mientras sus canciones -tan vigentes como siempre- sonaban por todas partes. Un largo aplauso -de varios minutos- y las palabras de su esposa Franca Monteverde, que recordó como vivió, coronó su adiós. Fue sepultado en el cementerio Parque del Mar de Concón.

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